Es posible hacernos invisibles, viajar en el tiempo o teletransportarnos… Para conseguirlo, los físicos se valen de un exótico fenómeno: el
entrelazamiento cuántico. Cuando dos partículas se entrelazan de tal
manera que vibran en coherencia, forman una unión a modo de cordón
umbilical invisible
Teletransportarnos, hacernos invisibles, viajar en el tiempo…
Fenómenos increíbles inspirados en la ciencia-ficción que podrían
formar parte de nuestro día a día dentro de muy poco tiempo. Y es que
no tienen en su contra ninguna ley de la naturaleza, sólo es cuestión
de que algún inventor logre hacerlos realidad. Michio Kaku, profesor de
física de la City University de Nueva York explora para Planeta Fascinante los confines de lo posible.
Este visionario y autor de varios libros de éxito enseña física en
Nueva York. Es uno de los mayores expertos en la “Teoría de cuerdas”.
¡Imposible! ¡Absurdo! Son expresiones típicas que se escuchan cuando
se habla de determinadas teorías científicas. Algunas personas que se
autodenominan “expertos” afirman que no es posible que los seres
extraterrestres alcancen la Tierra mediante naves espaciales: la
distancia entre las estrellas es demasiado grande. ¿La telepatía?
También imposible, porque el cerebro no puede ni enviar ni recibir
mensajes. Analizando en profundidad estos fenómenos constatamos que es
cierto que, a día de hoy o en un futuro próximo, son inviables. Pero la
verdadera cuestión es… ¿seguirán siendo imposibles cuando contemos con
tecnologías más avanzadas dentro de cientos o incluso miles de años?
Tal vez estos “imposibles” son sólo problemas de difícil resolución de
los que tienen que ocuparse los ingenieros. El escritor de
ciencia-ficción recientemente fallecido Arthur C. Clark declaró en
cierta ocasión: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es
indistinguible de la magia.”. Así que la pregunta que deberíamos
plantearnos es ¿atentan estos “imposibles” contra las leyes conocidas
de la física?
Capas de invisibilidad, campos de fuerza… Nada es imposible.
Es una realidad: sobre la senda del progreso se amontonan muchos
“imposibles”. Después de ver como muchos de ellos han sido finalmente
viables, los físicos de hoy en día han hecho suya una frase muy
significativa: Todo lo que no está prohibido, ocurrirá inevitablemente.
Si no hay una ley natural que prohíba una determinada tecnología, esta
no será sólo “teóricamente posible”, sino que con toda seguridad será
llevada a la práctica. Para abordar de forma sistemática la física de
lo imposible se puede establecer una jerarquía: yo divido los
“imposibles” en tres categorías. En la categoría I se encuadran los que
podrían hacerse realidad en las próximas décadas o en el próximo siglo.
En la categoría II incluyo aquellos fenómenos que necesitarán siglos o
incluso milenios de perfeccionamiento. La categoría III la forman todas
aquellas tecnologías que violan leyes de la naturaleza sobradamente
conocidas y que por tanto son, en mi opinión, totalmente inviables.
Los “imposibles” de tipo I tienen una cosa en común: todos pueden
convertirse en posibles en un futuro próximo con la ayuda de las leyes
naturales que ya conocemos, pero precisan de una labor de ingeniería de
primera línea. Hablamos de temas como la invisibilidad, los campos de
fuerza, las pistolas de rayos, la psicoquinesia, las naves espaciales
interestelares, los motores materia-antimateria e incluso algunas
modalidades de teletransportación o telepatía. En el pasado les
enseñaba a mis estudiantes, en mis clases de óptica, que la
invisibilidad era algo imposible. Para que un objeto se vuelva
invisible, la luz tiene que rodearlo, igual que el agua de un río fluye
alrededor de una roca. Río abajo, uno no tiene ni idea de que había una
roca río arriba, una vez pasada la roca en el arroyo todo sigue igual,
simplemente el agua sigue su curso. Además está también la llamada ley
de la refracción de Snell, que describe cómo los diferentes materiales
hacen que la luz se refracte o se desvíe cuando pasan de un medio de
propagación a otro. Según esto, la luz tendría que moverse a una
velocidad superior a la velocidad de la luz para poder rodear un objeto
y en consecuencia hacerlo invisible, cosa que parece imposible. Sin
embargo hace dos años unos físicos de la universidad americana de Duke
y del Imperial College en Londres demostraron que un metamaterial podía
hacer invisibles a los objetos que se envolvían en él. Al principio los
objetos sólo eran invisibles para las microondas, pero al menos se
logró eso. Mediante impurezas casi imperceptibles en el metamaterial,
los científicos lograron desviar la trayectoria de las microondas. Pero
fue el pasado año cuando dos grupos –uno en el Instituto Tecnológico de
California y en otro en la Universidad de Karlsruhe, en Alemania-
consiguieron desarrollar metamateriales que curvaban de la misma forma
la luz láser roja y la verde. Un hito importantísimo: por primera vez
se pudo curvar la trayectoria recta de la luz visible.
Teniendo en cuenta la increíble velocidad a la que avanza la
ciencia, probablemente en una o dos décadas los científicos estarán en
disposición de hacer objetos totalmente invisibles pero sólo si se les
proyecta un solo color. Quien sabe, tal vez la capa de Harry Potter se
lance al mercado aún en este siglo.
Igual de imposible se pensaba antes que era la idea de la
transportación (“beaming” en inglés). Sin embargo a día de hoy los
físicos teletransportan regularmente fotones a distancias de hasta 600
metros. Incluso son ya capaces de teletransportar átomos completos de
cesio y de berilio. En realidad lo que se hace es teletransportar la
información cuántica de un fotón o de un átomo a otro fotón o átomo
distante, no al fotón o átomo en sí.
En el plazo aproximado de una década se teletransportará la primera
molécula siguiendo este procedimiento. Y dentro de algunas décadas los
físicos podrían lograr teletransportar moléculas orgánicas complejas o
tal vez incluso un virus o fragmentos de un ADN.
Para conseguirlo, los físicos se valen de un exótico fenómeno: el
entrelazamiento cuántico. Cuando dos partículas se entrelazan de tal
manera que vibran en coherencia, forman una unión a modo de cordón
umbilical invisible. Esta conexión permanece intacta, incluso cuando se
aleja una partícula y la otra. Si algo le sucede a una de las
partículas, esta información es transmitida inmediatamente a la otra.
La partícula “entrelazada” siempre se comportará según la información
que se le teletransporte. Este fenómeno demuestra que la
teletransportación realmente es un fenómeno de tipo I. Sin embargo el
entrelazamiento es un algo extremadamente sensible. La más mínima
interferencia puede romper esta fina unión. Parece que van a tener que
pasar varios siglos hasta que sea posible teletransportar los billones
de átomos que componen el cuerpo de un ser humano.
¿Cuándo abordarán los ingenieros la construcción de una máquina del tiempo?
Los imposibles de tipo II son mucho más complicados. Pueden pasar
milenios o incluso millones de años hasta que puedan hacerse realidad.
Pero lo decisivo es que están dentro del ámbito de lo posible. Lo que
hace que estas tecnologías sean tan complejas son las enormes
cantidades de energía que precisan, junto al hecho de que aún no
poseemos un conocimiento suficientemente sólido sobre sus fundamentos
físicos. En esta categoría se enmarcan los viajes en el tiempo, los
viajes a velocidades superiores a la velocidad de la luz a través de
agujeros de gusano y los viajes a universos paralelos.
En los años 90 Stephen Hawking intentó demostrar que los viajes a
través del tiempo iban en contra de las leyes de la naturaleza. Formuló
su Conjetura de la Protección Cronológica. Pero tras años de duro
trabajo tuvo que abandonar y admitir que los viajes en el tiempo son
posibles aunque, en su opinión, poco prácticos.
Un estudio en profundidad de las fórmulas de la Relatividad General
de Einstein revela que con grandes cantidades de energía es posible
abrir un agujero en el espacio-tiempo. Esto podría tal vez conectar el
presente con el futuro. Todo aquel con valentía suficiente para saltar
dentro del agujero de gusano aparecería al otro extremo del mismo,
situándose en un momento temporalmente anterior al de su salto.
Pero existen poderosos obstáculos que impiden la construcción de una
máquina del tiempo o la apertura de un agujero de gusano. En el sentido
más literal de la palabra: se precisan cantidades astronómicas de
energía. En 1963 el físico Roy Kerr demostró que la singularidad de un
agujero negro rotante no forma un punto, sino una espiral. Si una
persona cayese dentro de ese agujero no moriría aplastada, sino que
aterrizaría en un universo paralelo; eso sí, sin posibilidad de
retorno. Desde entonces los astrónomos han descubierto cientos de
agujeros negros rotantes.
En 1988 el físico Kip Thorne encontró una solución a las ecuaciones
de Einstein que podría hacer “atravesables” los agujeros de gusano.
Según sus resultados podrían existir agujeros de gusano que permitirían
pasar libremente de un lado a otro. Un viaje a través de uno de estos
agujeros podría convertirse en algo tan sencillo como un vuelo en
avión. Pero para abrir uno de estos portales se necesita una cantidad
de energía equivalente a la masa de un agujero negro estelar. Es más,
para mantener el agujero abierto y estable, se necesita energía
negativa -un fenómeno exótico. Todo esto no ha impedido que los físicos
hayan propuesto varios diseños de máquinas del tiempo. Mi diseño
preferido incluye una batería de aceleradores de partículas, cada uno
con una longitud de unos 10 años luz y capacidad para acelerar
partículas hasta alcanzar una energía de 200.000 millones de
electronvoltios por metro. Estarían configurados en forma de
bola/esfera y todos los cañones mirando hacia dentro. Los aceleradores
enviarían su chorro de partículas al interior de la esfera, hasta que
en ese punto se llegase a la llamada energía de Planck: 1028 electronvoltios.
De esta manera El espacio y el tiempo se volverían inestables y deberían abrirse los agujeros de gusano.
¿Cuáles de estas ideas son totalmente inviables?
Los fenómenos imposibles clasificados dentro de la categoría III son
mucho más problemáticos que los que hemos visto hasta el momento. Lo
que les pasa es simplemente que violan las leyes naturales. Sólo hay
dos posibilidades: o son realmente imposibles o tenemos que descubrir
nuevas leyes de la naturaleza. Sólo he encontrado dos “imposibles” de
clase III: la precognición, es decir, la capacidad de ver el futuro con
antelación; y los Perpetuum Mobile o móviles perpetuos, unas máquinas
que efectúan eternamente el mismo movimiento sin recibir ningún tipo de
suministro de energía externo. Predecir el futuro es algo muy
problemático porque haciéndolo se vulnera el tan fundamental orden de
causa-efecto. La precognición está estrechamente relacionada con los
viajes en el tiempo. Los físicos han desarrollado ingeniosos mecanismos
para que los viajes en el tiempo no atenten contra el principio de la
causalidad. De existir realmente la precognición, supondría el colapso
de los fundamentos de la física.
A partir del siglo VIII los Perpetuum Mobile fueron objeto de una
larga lista de fraudes/engaños. Su mecanismo suele ser muy sencillo,
como una rueda que gira o una cadena que da vueltas. El que los inventa
siempre afirma que pueden producir una cantidad ilimitada y gratuita de
energía. De todas maneras, nos surge la pregunta: ¿Por qué no funcionan
los móviles perpetuos? ¿Por qué existen las leyes de conservación de la
materia y de la energía? Si conociésemos la respuesta, tal vez seríamos
capaces de encontrar un camino para esquivar la ley. Si analizamos la
luz de las galaxias que se encuentran a miles de millones de años luz
de distancia, nos encontraremos con las mismas líneas espectrales del
hidrógeno que encontramos en nuestros laboratorios. En otras palabras:
las leyes de la astrofísica son las mismas desde hace miles de millones
de años, remontándose hasta el Big Bang. La cantidad de energía
presente en el universo ha permanecido invariable desde el principio.
Aquí podemos apreciar la diferencia entre los “imposibles” de tipo
III y el resto. Rotundamente, los de tipo I y II son compatibles con
las dos teorías que dominan la física moderna: la mecánica cuántica y
la relatividad general. Ambas teorías consideran que las leyes
fundamentales perdurarán siempre –conservando la materia y la energía.
¿O es posible que sólo tengamos un conocimiento parcial de las leyes
fundamentales que rigen la física? Tal vez. Al fin y al cabo partimos
de la base de que la relatividad se deshizo en el interior de un
agujero negro en el momento de producirse el Big Bang. Y la teoría
cuántica no es capaz de explicar la gravitación. Así que cuando nos
preguntemos qué nos traerá el futuro, no deberíamos perder de vista los
fenómenos imposibles de los tipos I y II. Lo que hoy es aún impensable,
puede ser una realidad dentro de un par de siglos. Pero en algún sitio
hay que poner el límite, y este viene determinado por las leyes de la
naturaleza. Con ellas no se debe jugar. De hecho son las mejores guías
que podemos tener en nuestro camino hacia el futuro.
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