Anonymous escribió "Para poder patentar algo hay que tener una idea que cumpla con dos requisitos fundamentales: que sea un producto innovador y que tenga aplicabilidad industrial, es decir, que se pueda producir.
Transformar el conocimiento en valor. Ésa es la gran apuesta tras la solicitud de patentes de invención, práctica que permite que las investigaciones realizadas por académicos de las universidades se consoliden como un producto capaz de irrumpir a largo plazo en el mercado. Dentro de este panorama, la Universidad Técnica Federico Santa María mantiene un rol privilegiado. De hecho, según cifras aportadas por el Departamento de Propiedad Industrial (DPI), ésta se ubica en el segundo lugar entre los planteles nacionales con mayor número de solicitudes de invención, con un total de 52 proyectos en curso, después de la Universidad de Concepción, que alcanzó los 77. En tercer lugar se encuentra la Universidad de Chile, con 38 solicitudes. Todo ello en el periodo comprendido entre 1995 y 2007.
Uno de los académicos con activa participación en la materia es el profesor Jorge Pontt, del Departamento de Electrónica, quien además de las solicitudes que mantiene pendientes, es parte del equipo que, junto al Profesor del Departamento de Ciencia de Materiales, Waldo Valderrama -y en conjunto con la Universidad de Santiago- trabajó en el proyecto “Sistema y método de medición directa en línea de variables para estimar y analizar la carga interna dinámica de molinos rotatorios en procesos de molienda de materiales” (2003), cuya solicitud de patente ya fue aprobada tanto en Chile como en el extranjero.
Cabe destacar que esta patente ya está en el mercado y ha dado origen a la comercialización de equipos a través de la Sociedad de Innovación y Transferencia Tecnológica Ltda. (ETT Ltda.) y FLSmidth Minerals, importante empresa internacional del área minera, con equipos distribuidos en diferentes partes del mundo.
Pontt asegura que el desarrollo de investigación en las universidades es importante, pues “exige creatividad en organizar la contribución científica y tecnológica, orientada a resolver problemas específicos en forma competitiva. Además se requiere de cultura, recursos, perseverancia y convicción de que la I+D+i aporta a la creación de valor”.
Del mismo modo, el Dr. Francisco Cereceda, quien con los trabajos realizados con el equipo del Laboratorio de Química Ambiental del Centro de Tecnologías Ambientales ha obtenido los primeros lugares en la mayoría de los concursos de innovación y patentamiento nacional financiados por el PBCT-CONICYT, establece que con las patentes “uno puede alcanzar un mayor impacto social, económico e intelectual, particularmente en el momento en que la investigación científica y tecnológica se traduce en un producto que llega al mercado, transformándose en valor”.
El profesor explica “que para poder patentar algo hay que tener una idea que cumpla con dos requisitos fundamentales: que sea un producto innovador y que tenga aplicabilidad industrial, es decir, que se pueda producir. Una vez corroborado que la necesidad o el problema a solucionar cumplen con esto se debe dar paso al desarrollo de la solución, la que en el caso de los problemas ambientales que hemos abordado en nuestro equipo de investigación, requieren de un trabajo multidisciplinario, donde han trabajado colegas de distintas especialidades de la Universidad.”
Así, una vez que el producto está desarrollado y existe una solución que ha generado un prototipo, empieza el proceso de patentamiento, etapa administrativa colmada de reglas e hitos específicos que es necesario cumplir para seguir en esta carrera.
Y no es nada fácil, porque “una patente nacional en promedio requiere de un seguimiento de cuatro o cinco años desde la solicitud hasta que es otorgada, aun cuando hay algunas que pueden quedar en el camino”, explica Pablo Pastene, Director de Investigación y Gestión de Proyectos de la USM. ¿Importancia? “Dado que las universidades desarrollan tecnología y no productos, las empresas asumen el desafío de desarrollarlos y llevarlos al mercado en base a una tecnología. Por lo tanto, si está protegida mediante una patente, que es un derecho exclusivo, le da un espacio de mercado mucho más seguro”, dice.
Sobre el segundo lugar que ostenta la USM, Pontt es claro al afirmar que “es un buen punto de partida, pero debiéramos tratar de estar en el primer lugar de patentes aprobadas y aplicadas”. En ello coincide Cereceda, quien manifiesta: “tenemos que estar en la primera ubicación, porque somos una universidad técnica, que tiene todas las capacidades para desarrollar tecnología de punta. Desde el punto de vista del país, este lugar nos muestra que si nos concentramos y nos proponemos como objetivo desarrollar productos de investigación básica y aplicada, podemos lograr generar un número importante de productos, y transformar finalmente el conocimiento en valor”.
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