|
Investigadora del Instituto de Biologia de la UNAM ha detectado que alimentos como el maíz, derivados de la leche y algunas carnes, contaminados con alfatoxinas pueden llegar a producir neoplasias en personas con cáncer de colon, de
recto, páncreas, riñones e incluso cérvico-uterino.
Investigadores
del Instituto de Biología (IB) de la UNAM encontraron la presencia de
aflatoxinas o metabolitos secundarios de mohos, en productos como los
cereales (maíz, sorgo, arroz y cebada) y sus derivados como tortillas,
tamales, atole, pozole y cervezas; las especias (pimienta, cúrcuma,
mostaza, chiles y moles); las oleaginosas (nueces, cacahuates,
pistaches, semilla de algodón, cacao y chocolates) y en la fruta seca.
Cuando
los animales ingieren los cereales u oleaginosas contaminados, estas
toxinas pasan al huevo, a la leche y a la carne, especialmente de cerdo
y aves de corral, gallina, pato y bovinos. También los derivados
lácteos pueden tener aflatoxinas, ya sean los helados, pasteles, vinos,
pechuga de pollo, vísceras e higos, agregó.
Las
llamadas aflatoxinas son potentes mutágenos y cancerígenos que pueden
provocar diferentes tipos de enfermedades como cirrosis, hepatitis,
inmunodepresión y varios tipos de cáncer después de años de ingerirlas.
Hasta
el momento, explicó, se ha detectado que las aflatoxinas se unen al
ácido desoxirribonucleico (ADN) y son abundantes en personas con cáncer
de colon, de recto, de páncreas, de riñones, de pulmones e incluso el
cérvico-uterino. No obstante, se acumulan a lo largo de la existencia,
y están más concentradas en adultos de más de 40 ó 50 años.
Estas
toxinas se depositan en todas las células del cuerpo, un 17 por ciento
se fija al ADN y el resto se elimina por la orina, los ácidos biliares,
los excrementos o por la leche cuando las madres amamantan, añadió.
México
ocupa el primer lugar en el mundo en consumo de maíz, y es el primer
lugar en enfermedades hepáticas en el continente americano. Se estima
que hay alrededor de tres mil 500 diferentes, pero las aflatoxinas son
las más nocivas.
Además,
adelantó, las investigaciones permitieron detectarlas en alimentos para
animales. Se encontró que el 100 por ciento de la comida para gatos
tiene las aflatoxinas B1, que son las más cancerígenas y perjudiciales
de todas; mientras que los alimentos para perros, tienen un 79 por
ciento, además de otras aflatoxinas como las G1, M1, M2, P1 y
aflatoxicol.
Los
seres humanos, señaló, poseen genes que producen la muerte de las
células, conocidos como proto-oncogenes, que están latentes. Las
aflatoxinas los activan, se presenta una mutación y se convierten en
oncogenes, y hay un daño al ADN. Aquí inicia el proceso cancerígeno, se
transforma la célula y después se genera el tumor primario. En este
nivel los médicos ya lo detectan.
Además,
las toxinas se pegan en el ADN de los millones de células del cuerpo,
pero éste las puede eliminar por la orina, aunque llega un momento en
que el ácido desoxirribonucleico tiene tal cantidad de moléculas
incrustadas que ya no se puede restablecer y entonces inicia el cáncer,
detalló.
Estas
aflatoxinas son fluorescentes, invisibles, inodoras e insaboras, y son
resistentes al calor. También toleran el cocimiento, la pasteurización
y diversos procesos como la nixtamalización y la fermentación. Es
decir, la leche se ultrapasteuriza a 160 grados por cinco minutos, en
tanto que estas sustancias soportan altos grados de temperatura,
advirtió.
El
problema de las aflatoxinas, dijo Carvajal Moreno, se origina, sobre
todo, en época de sequía. Cuando el maíz está en el campo, en lugar de
que ingrese un grano de polen a la flor entra una espora de hongo,
crece y se forma la toxina por dentro del grano. Posteriormente, cuando
la planta es tratada con fungicidas o químicos, el hongo desaparece,
pero la toxina no.
En
el caso del cáncer cérvico-uterino, que ocupa el primer lugar de
incidencia en el país, comentó, siempre se le asocia con el virus de
papiloma humano, que el hombre lo transmite y la mujer lo sufre. Pero
también se puede producir por aflatoxinas de alimentos; una persona
sana que no tiene relaciones sexuales con otra que esté infectada,
desarrolla un cáncer por alimentos contaminados.
Por
si fuera poco, el grano de peor calidad se da como alimento a los
animales: cerdos, vacas y pollos. De esa forma las sustancias pasan al
cerdo, a la pechuga de pollo y, en general, a todos los músculos;
después los consume la gente por diversas vías y los acumula en el
cuerpo.
periodicodigital.com
|
|